En el lecho del barranco

Santa Cruz tiene un eje que la divide en dos y la convierte en una ciudad con orillas y afluente. Este eje parece que no, pero lo cierto es que siempre ha dado mucho juego a la hora de iniciar conversaciones de ascensor. No es un eje cualquiera. Es magnífico en su extensión. Severo y dramático también. Si uno lo observa bien puede incluso intuir su historia, llena de epopeyas y sátiras, poesías y novelas. El Barranco de Santos es así, pretérito en literatura. Y si continúa a este ritmo, también almacenará futuro. Por ejemplo, en su próximo tomo dedicado a la primera mitad del siglo XXI ojearemos algún día el año 2013 y podremos recordar que entonces hubo gente que se echó al cauce en busca de algo que comer. Algo insólito en otros tiempos. Y es que desde hace días los vecinos de la calle Aguere ven cómo algunos ciudadanos bajan al barranco y con la mirada fijada en el suelo recorren su lecho bolsa en mano. Sin ir más lejos, yo me topé con dos la semana pasada. Vestían ropa holgada y ajustaban gorras a sus frentes. Los vi bajar juntos unas escaleras de piedra y, nada más pisar el cauce, se separaron sin decirse nada. Cada uno en una zona, se concentraron en unas plantas que había por aquí y por allá. Acariciaban las hojas, separaban los tallos, removían la tierra. Pasaron algunos minutos y, justo cuando yo ya estaba imaginándome lo peor en cuestión de plantaciones, alguien a mi lado soltó: “creo que están buscando tomates o alguna hortaliza”. Al parecer, el Barranco de Santos también es huerto. Aunque, eso sí, un huerto de extranjis, que es la locución adverbial que más se da en toda buena crisis que se atreva a azotar el mundo. En fin, que aquellas dos personas se pasaron un buen rato tanteando el terreno, ajenas al público de las ventanas y a los peatones que se apoyaban en la barandilla. De vez en cuando arrancaban algo de las plantas, se lo llevaban a la nariz y lo metían en sus bolsos. A saber qué era. Qué fruta u hortaliza. El caso es que las curvas del barranco sirven ahora para mucho más que para llevar agua o tirar basura. Hoy en día hasta se cosechan.

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