Aquellos titulares

En sus mejores tiempos, Mauricio Hayek llegó a ser piedra angular de un buen número de noticias sobre la urbanización de la playa de Las Teresitas. Como representante legal de los compradores de las parcelas de esa zona, los periodistas que a principios de siglo hacíamos guardia en el Ayuntamiento de Santa Cruz andábamos siempre a la caza y captura de aquel hombre de aspecto menudo e irreprimibles prisas de pasitos cortos pero rápidos. Importante portador de titulares, en cuanto lográbamos que los desembuchara, yo y mis colegas podíamos dar por terminado el día. Es más, dependiendo del alcance de la noticia podíamos zanjar hasta la semana. Desgraciadamente, la mayoría de las veces sólo manejábamos rumores sobre su presencia en el consistorio. Datos que nos venían desde varios sitios al mismo tiempo, como fuego cruzado en la batalla. Y cuando eso ocurría, para nosotros era un lío de estrategia. Si algo tiene ese Ayuntamiento son varias puertas por las que salir de la Alcaldía y un par de escaleras por las que abandonar el edificio. De hecho, en más de una ocasión aquel hombre logró pirarse de allí sin rasguños ni comentarios. Afortunadamente, también hubo días en que lo alcanzábamos, aunque fuera ya en la calle. Entonces, con la huida interrumpida y asediado a preguntas, Hayek solía contestar a media luz, como de refilón. No era muy extenso en sus respuestas. Casi siempre se apañaba bien con un sí o un no, e incluso con una minifrase de apresurados verbos. En cualquier caso, con eso nos bastaba. Con eso nos daba para hablar de aparcamientos subterráneos, límites de camas hoteleras, titularidades de los terrenos o la posibilidad de construir una lonja pesquera. Mauricio Hayek era una mina de oro, un pozo de conocimiento. También era moreno y llevaba gafas. Ahora, pasado el tiempo y con ocho años de cárcel suspendidos sobre su cabeza, camina envuelto en canas y sin anteojos a la vista. Yo me lo cruzo a menudo por el Puente Serrador. Suele caminar ágil, sin nada en las manos y con una media sonrisa pegada a la cara. Para mí que aún podrían caérsele unos cuantos titulares. Si quisiera.

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