Sin un tiro en la calle

No hay monserga más pesada que la que se queda suspendida en el aire. Esa que no se va a ningún sitio y se engancha al recuerdo como una garrapata. Es decir, un buen día alguien te suelta un rollo de otro mundo y es tal su impacto que te quedas rumiándolo toda la vida. A Alejandro Ramiro Pfeiffer le sucedió esto hace unos meses, cuando el banco le denegó la dación en pago y le remató el sermón con una carcajada y un sincero: “Si comenzamos a aceptar la dación en pago, ¿qué va a ser lo próximo? ¿salir a la calle a pegarnos tiros?”. Que soy yo, y al banquero le devuelvo su pregunta a trozos. Sin embargo, a Alejandro Ramiro Pfeiffer le dio por quedarse atrapado entre la indignación, la humillación y la sorpresa, condenado así a arrastrar esa sensación –mezclada pero no agitada– por los siglos de los siglos. El drama de este joven comenzó en 2006, cuando le concedieron una hipoteca. A pesar de tener un contrato ‘requeteventual’ como auxiliar de enfermería, nunca le faltó el trabajo. Ni siquiera una sola vez. Desgraciadamente, este nunca se encogió dos tercios con la crisis y el Servicio Canario de Salud salió de su agujero para anunciar despidos inmediatos. Así que, con la responsabilidad a cuestas, Alejandro se dirigió a su banco para pedirle alternativas en caso de que fuera despedido. Y la solución fue la ya conocida carcajada con sarcasmo incluido, y algo más de propina: la amenaza de quitarle la casa a su madre, por ser la avalista. Finalmente, con la contestación del banquero soplándole en la nuca día tras día, como si fuera un mal de ojo, el chico se quedó en paro y comenzó su calvario. Un vía crucis que terminó el viernes pasado en la capital tinerfeña, donde acampó con otras dos personas en su misma situación, enrolándose juntas en una dolorosa huelga de hambre. La determinación de estas personas, junto con la puntilla que aportó el Ayuntamiento chicharrero al sacar su dinero del banco, sirvió para que la entidad financiera ofreciera soluciones, entre ellas la dación en pago a Alejandro Ramiro Pfeiffer. Y todo sin pegar un solo tiro. Al menos, de momento. Que como el de Alejandro, Carmen e Inma hay miles de casos más.

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