Un pésimo folletín

Hace años, cuando andaba mal del estómago por eso de la extrema juventud, una portada de un libro bastaba para que me decidiera a comprarlo. Contraria a adquirir lectura de moda, páginas y páginas bendecidas por las ventas del mes, prefería buscar otra clase de literatura, como relatos de autores relegados a las estanterías del fondo. Era mucho más divertido y echaba la tarde sin darme cuenta. Así, por ejemplo, descubrí La conjura de los necios, un libro que todavía conservo y que algún día volveré a leer. O El libro del desasosiego, que siempre lo incluyo en mis mudanzas. Pero no siempre acertaba. A veces el tiro me salía por la culata y de un día para otro me veía escupiendo balines y pólvora por lo gastado y no aprovechado. Entonces, para subdividir errores, dentro de esta carpeta de desaciertos creé dos categorías: una reservada a los libros que me decepcionaron desde el primer momento, y otra para aquellos que me parecieron buenos durante un tiempo pero que con el paso de los años y el consumo de más lectura perdieron peso. Esto último me pasó, por citar alguno, con Héroes, de Ray Loriga. El autor aparecía en la portada con pelo largo y bigote de mosquetero, grandes anillos en negro y plata, una botella de cerveza en la mano y cara de malo. A mis 20 años aquello me pareció que era lo más de lo más, así que me llevé su historia a casa como quien espera una revelación en sus páginas. Recuerdo que lo leí con interés y hasta subrayé algunas frases. Sin embargo, con la perspectiva que da el reloj y la exigencia a la que obliga la madurez, tengo que confesar que no me explico qué me pudo gustar de aquella novela. Y esto es justo lo que me ocurre ahora con la literatura que genera el pleito insular canario, con la guerra abierta de nuevo entre el alcalde de Santa Cruz y el de Las Palmas de Gran Canaria por quién se lleva más dinero del Gobierno. Cuando llegué a Tenerife me suscitaba curiosidad esto del pleito y leía todo lo que sobre el tema me ponían delante. Pero, ahora, apostada en la cima del aburrimiento que me produce la política, tengo que decir que esta pelea es un pésimo folletín de segunda.

2 comentarios sobre “Un pésimo folletín

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