Meli, Ángeles y Graciela

Meli, Ángeles y Graciela serían como Thelma y Louise si no fuera porque son tres y no van en descapotable. Bueno, y porque tampoco se van a dar el mismo porrazo ni ninguna de ellas se va a ligar a Brad Pitt. Aun así, salvando diferencias y despeños, a mí estas mujeres me han hecho pensar en la película de Ridley Scott. Y es que Meli, Ángeles y Graciela, una para todas y todas para una, se han sentido aniquiladas desde la retaguardia y los flancos y se han dicho ¡qué carajo! ¡pues nos lanzamos al vacío! Y dicho y hecho. Estas trabajadoras de la Cooperativa Mararía sorprendieron mi desayuno al airear a bocajarro que esta empresa contratada por el Ayuntamiento de Santa Cruz para atender a domicilio a ancianos sin recursos atendía también a pudientes y enchufados sin perder el sueño ni temblarle el pulso. Como decían en la película: “Buenos días, damas y caballeros. Esto es un asalto. Ahora, si nadie pierde la cabeza, nadie perderá la cabeza”. En la vida real, Meli, Ángeles y Graciela han lanzado el órdago a su modo y según sus fuerzas. Desesperadas por la quiebra de la empresa debido a su millonaria deuda con la Seguridad Social, y mientras la cooperativa y el Ayuntamiento andan por el campo de juego echándose las culpas, van estas tres y desvelan al mundo entero que cuidaban demasiado a ancianos “que vivían de lujo”, y poco a otros verdaderamente necesitados. “¿Estás despierta?” “Supongo que sí, tengo los ojos abiertos”, decían las protagonistas de la peli. En la versión chicharrera, Meli, Ángeles y Graciela ya podían haber despertado antes. Las denuncias, cuando se hacen desde un callejón sin salida, son menos denuncias. De todas formas, no hay que ser muy listo para saber de qué va la vida sin tener que mirarla directamente a los ojos. Y si a Meli, Ángeles y Graciela les ha dado por desembuchar ahora, bienvenido sea si lo pueden demostrar. Aquí estamos todos para ver en qué acaba esta historia prologada por tres desesperadas, empujadas por las circunstancias hasta el borde del precipicio. “Bueno, no estamos en el fin del mundo pero desde aquí se ve”, decían Thelma y Louise.

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