La sonrisa que me preocupa

El segundo gol de España me cogió en la azotea, tendiendo la ropa. Los gritos de alegría golpearon tan repentinamente el silencio del domingo, que El Toscal entero tembló. Si por mí fuera, la anécdota se hubiera quedado ahí. Yo hubiera terminado con las pinzas y a otra cosa. Pero el caso es que el temblor que sufrió el barrio fue tan fuerte, tan inesperado, que me hizo expulsar una sonrisilla idiota. Y esa mueca estúpida e involuntaria me tuvo el resto de la noche pensativa. Porque a mí, ante todo y sobre todo, no me gusta el fútbol. Del primer gol ni me enteré. Tuvo lugar mientras conducía por la autopista de vuelta de Bajamar, con la música puesta y pensando en el último esfuerzo que me iba a cobrar el día: la colada. Para cuando entré en Santa Cruz, el marcador ya había sido estrenado y yo seguía ajena a la noticia. En realidad, el domingo me acordé del partido de forma intermitente. Por ejemplo, si alguien lo mencionaba o si pasaba por algún bar. También me vino a la cabeza cuando me vi con dificultades para aparcar por el barrio, normalmente libre de coches los festivos por las tardes. Pero tan pronto estacioné, volví a olvidarme de la Eurocopa. Así que allí estaba yo, en la azotea, justo en el minuto 40, cuando el mundo entero cantó el segundo gol y a mí se me escapó aquella sonrisa. Desde luego, motivos para la alegría había. El centro estaba más animado y bar que tenía televisor, bar que estaba lleno. También hubo ventas extras: bebidas, picoteo, banderitas, camisetas, bufandas… E incluso la gente parecía de mejor humor. Pero no. La verdad es que, pasados ya dos días, sigo sin explicarme a qué vino esa sonrisa refleja. Y así me fui a la cama, pensando en ese momento incómodo en la azotea, en ese rubor espontáneo, mientras en El Toscal se activaban las bocinas de los coches, se ponía la música a toda leche y los vecinos se felicitaban como si fueran ellos los que se fueran a embolsar los sueldos de los jugadores y los de los directivos que los manejan. Si no fuera porque tengo bien puestas las convicciones, diría que lo que a mí me pasa es que me está empezando a gustar el fútbol.

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