El vómito de óxido

La fuente de la Plaza Weyler babea óxido y desatención, y con estas pintas preside los altos de la calle Castillo sin otro quehacer que poner cara de asombro. Comprimida a la mínima expresión si se la observa desde la esquina de Robayna, la fontana parece un vómito naranja que se desliza por el centro de Santa Cruz y mancha la credibilidad cultural de la ciudad, si es que esta ciudad tuvo alguna vez vocación patrimonial. La fuente, al ser de noble cuna y obra del italiano Achille Canessa, no se limita a mostrar su náusea a turistas y locales, sino que también pasea su aspecto insano por internet, en páginas webs de visitas asiduas, para mayor vergüenza ajena. Como hace mucho tiempo que no la miraba directamente a los ojos, no tenía ni idea de que seguía así de mal, pero ayer tuve que enlazar Castillo desde el puente Serrador, y mientras ascendía a Weyler pude observar de frente esta pieza de arte, chorreando agua por su centenario mármol de Carrara y sus curvas neorrenacentistas, más chulas que un ocho a pesar de su miseria. Sin perderla de vista, llegué hasta la plaza y me senté en la terraza del quiosco que hay allí, cuya camarera me obsequió con 20 minutos de desganada espera desde que me acomodé hasta que me preguntó que qué iba a tomar. Debe ser que el tiempo en ese bar ingiere el eterno óxido de la fuente como si fuera su elixir de vida. Un minuto y 2,10 euros menos después ya me había bebido la horchata, el mal humor y la perfidia, y pude calcular en frío que no me sale a cuenta volver a ese lugar para encerrarme en un paréntesis de 20 minutos al contado en pleno día laboral. Así que me levanté de la silla con esa decisión en la cabeza, y con otra más: mirar de cerca la fontana. Camino de los 111 años desde que fue inaugurada por el decimonónico alcalde Pedro Schwartz, esta escultura, además del óxido, también soporta excrementos de palomas. La solución a este último menosprecio pasa por la limpieza. En cuanto al primero, el Instituto del Patrimonio Histórico dictaminó hace años que la roñosa imagen de la fuente se debe a la mala calidad del agua. Si eso es así, sólo queda cerrar grifos o salpicar el mármol con líquido de mejor ver.

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