Angelotes

En la primavera de 2000, dos bañistas fueron mordidos en los pies mientras nadaban en Las Teresitas y ese acontecimiento bastó para abrir una investigación periodística, que me tocó a mí y lo agradecí porque yo ya me imaginaba descubriendo un tiburón blanco o algo así. No obstante, no oteé aleta en el horizonte. Hablando con unos y con otros, los expertos llegaron a la conclusión de que los mordiscos   -que ni carne se llevaron– podrían haber sido de angelotes, parientes del tiburón y afines al litoral santacrucero desde tiempos inmemoriales. Sus crías pasan un tiempo cerca de la orilla hasta que crecen y se marchan sin hacer daño a nadie, a no ser que alguien las pise, claro. La historia, por lo tanto, empezó a desinflarse y me dio el primer bajón. El segundo me sobrevino cuando el biólogo Luis López Avellán me lanzó un educado pero cortante: “No es raro que haya peces en el mar. Lo raro sería que apareciese un elefante en la playa”. Ahí ya cerré libreta, encapuché el Bic y me hice una composición mental de cómo convertir la noticia sobre el tiburón blanco en un reportaje graciosillo sobre los angelotes. Para recoger más testimonios me di un salto hasta la playa de Las Gaviotas. Era la primera vez que iba allí y me sorprendió el paisaje, por ser menos civilizado que el de Las Teresitas, más abierto al oleaje, de desarrollo distinto. Aunque yo ya había decidido dar un giro a la información, el tipo de la Cruz Roja con el que hablé se encargó de proporcionarme el tercer bajón del día. Al parecer, en Las Gaviotas, los pequeños angelotes se mueven entre las rocas y la gente hasta juega con ellos. Bueno, al menos había descubierto ese lugar del que me hice fan enseguida. Al año siguiente del caso de los mordiscos, el Cabildo de Tenerife y la Dirección General de Costas llegaron a un acuerdo para dar vía libre al proyecto de rehabilitación de Las Gaviotas, que realizó el estudio de arquitectura Correa y Estévez, con zona de aparcamientos, una escollera, servicios, un quiosco, varios bancos y hasta una escultura de Juan López Salvador. Yo pensé: Ay, no sé, mientras no la cambien mucho y siga siendo nudista… Pero si llego a saber que diez años después la playa no sólo no iba a estar adecentada, sino que agonizaría como angelote encallado en roca, no hubiera abierto mi boca.

2 comentarios sobre “Angelotes

  1. Alejandro

    genial tu crónica y sin duda tienes mucha razón en lo que dices, tan sólo me he permitido el atrevimiento de contestárte a algunos fallos técnicos. Los angelotes (Squatina squatina) son “verdaderos tiburones”. Los otros tiburones con los que algunos jugamos en las Gaviotas son cazones (Mustelus mustelus) y por último, los famosos mordiscos de las teresitas estuvieron causados en su mayoría por otro pez (pero no un tiburón) llamado en Canarias gallo cochino (Balistes capriscus). Siento ser tan contundente en mi respuesta y espero no pecar de prepotente, pero por diversos motivos (largos de contar) he vivido las situación de primera mano.

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