Un consejo para el futuro

El caso de Las Teresitas ha arrojado más de 90.000 folios de literatura. Miles de hojas que deben pesar lo suyo en papel, pero no en formato pendrive, que es el que se maneja en las redacciones de los medios de comunicación para facilitar la tarea a los periodistas y ahorrar leña al bosque. El sumario del caso, abierto al público y sin derecho de admisión que valga, es de lo más jugoso. En él hay de todo (y a todo hay que otorgarle desde ya presunción de inocencia): aburridos documentos oficiales, delaciones bien redactadas por el confidente de la justicia, novelescos informes policiales y, sobre todo, historias para no dormir: pequeños relatos de traiciones, compras de objetos de lujo, reuniones secretas, tratos al puro estilo mafioso, visitas sospechosas a la cárcel, órdenes contra periodistas, correveidiles… En definitiva, ladrillos para hacer más grande y resistente el gran templo de culto al hedonismo. Pero, para disgusto de los afectados, esa indolencia chulesca propia del hedonista también ha quedado reflejada en las conversaciones telefónicas que los agentes policiales grabaron. Y de estos diálogos, mi querido Watson, se deducen varias cosas, aunque no todas son analizables aquí. Por ejemplo, aquellas que tienen que ver con posibles delitos, que las defina la justicia, que para eso está. Yo me voy a centrar en la calidad de las charlas que mantienen los interlocutores. Ahí va una muestra:

-¿Si?

-Buenos días.

-Oh! ¿Que pasó Kumar?

-¿Qué tal? Bien, bien. ¿Puedes hablar o te llamo luego?

-¿Dónde estás?

-No, no. Estoy en Tenerife todavía. No.

-¿Estás en Tenerife?

-Sí, sí, sí.

A ver, esta conversación aburrió tanto a los agentes que la escuchaban, que la obviaron y sólo la retomaron cuando detectaron el objeto de la llamada, un presunto tráfico de influencias. Así que, ahí va un consejo para los que estén pensando en cometer actos que luego se convierten en enormes sumarios que deben ser transcritos por sufridos funcionarios y leídos por pacientes periodistas: ¡Vayan al grano! Piensen en un titular y un subtítulo. Ahorren esfuerzo a estos profesionales y hagan frases con sujeto, verbo y predicado. Y todos tan contentos.

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