La oscuridad que nos espera

Las malas intenciones, las perfidias, determinadas diversiones, los secretos, algunos intercambios, ciertos amores, el mejor sexo, los saldos de cuentas y, sobre todo, muchos, muchos, muchísimos pensamientos son, todos ellos, aves nocturnas, buscadores de sombras, cabezas con pasamontañas, habitantes de cuevas, la niebla misma. Sin apenas hablarse, se entienden, saben cómo encontrarse sin necesidad de luz y dónde resguardar sus citas. En eso, que nadie les tosa encima. Si alguien va a dirigirse a ellos que sea para bien, como lo va a hacer el Ayuntamiento de Santa Cruz al bajar los plomos y provocar apagones intencionados en ciertas zonas de la ciudad. El objetivo es ahorrar dinero sin molestar demasiado. Es decir, no creo que lo que quieran los municipales sea bajar los humos a las calles del centro ni a las zonas con escaparates. Supongo que optarán por encapotar asfaltados poco usados, de esos que se pueden guardar en el armario de vez en cuando porque casi nadie los va a echar de menos. Se me ocurren, por ejemplo, lugares como polígonos laborales que sólo respiran durante el día. Pero sólo es una ocurrencia, ya que el Ayuntamiento no ha adelantado nada al respecto, excepto que uno de esos apagones se producirán en la vía arterial del barranco de Santos. Bueno, pues ahí tiene un nuevo destino el grupo de arriba, el de los buscadores de sombras, el que no hace ascos a la oscuridad y al que poco le importa que se hayan invertido cientos de miles de euros públicos en una iluminación moderna y a todo color para, menos de dos años después, darle el finiquito. Así es la vida. Lo que unos tiran otros lo aprovechan. Y yo sé de unos cuantos mandamientos reprimidos que esperan que la luz se apague para abrirse paso hacia la conquista. A ver, en primer lugar el sexto: No cometerás actos impuros. A este sinvergüenza le privan los rincones negros. Yo no lo he dudado nunca. También incluyo el séptimo: No robarás. La crisis es la crisis, hermano, y allí donde no hay luz hay oportunidad. Finalmente, el décimo: No codiciarás bienes ajenos. Aquí encarto los bienes carnales. Y ya está. No me atrevo con el quinto. Eso sería muy fuerte.

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