Anadiplosis navideña

Panuchi tiene una edad y un beber que le aflojan por fuera y le pudren por dentro. Dentro de poco será Navidad y el dolor salará aún más sus heridas hasta complicarlo todo. Todo lo que puede hacer este pintor sin hogar y sin suerte es llorar en el albergue o dejarse morir en la calle. La calle donde el lunes lo encontraron derrotado viste asfalto chicharrero, bien planchado durante el día y algo descosido por la noche. La noche del martes, mientras tanto, varios opera- rios colocaban luces navide ñas en los árboles de siempre. Siempre se cuelgan luminarias entre algunas ramas de la plaza Weyler, que deprimen más que animan, y dan brillo a la decadencia. La decadencia en la que ha caído Panuchi es más sincera que la que la ciudad intenta ocultar con adornos. Adornos que quieren incitar al jolgorio y al consumo en una época en la que no hay suelto ni para alegrías ni para caprichos. Caprichos que los comerciantes, por el contrario, esperan que satisfagan sus clientes, mientras éstos lo que desean es trabajo. El trabajo es un objeto de lujo en Santa Cruz y su escasez trae de cabeza a los padres cuyos hijos creen en las consolas que funcionan con juegos de a 60 euros el gramo. Gramo a gramo, Panuchi pierde peso en el albergue y en las aceras, mientras añora sus pinceles y los lienzos donde pintaba retratos. Retratos de personas que estos días hacen cuentas y se quejan de que la Navidad no sale a cuenta ni aunque el Ayuntamiento ponga todas las luces de colores del mundo en cada árbol, en cada fachada y en todas las farolas. Las farolas serán las únicas que darán calor navide- ño a los barrios periféricos, ya que el ornamento de gala se quedará en el centro, como cada año. Año Nuevo tampoco diferirá de los festivos de diciembre, ni sobrará el trabajo ni Panuchi dejará de calzar un 43, a no ser que encoja de repente, que todo puede pasar. Pasar de todo, sin embargo, no es propio de la raza y siempre hay que esperar de ella que reaccione, si no con una revolución, al menos a golpe de detalles que eviten la muerte de todos los que se consumen como Panuchi.

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