Quiero saber todo sobre el origen extraterrestre de los pelirrojos

Foto hecha por Sol Rincón Borobia. Hipstamatic para Iphone (Carrete: BlacKeys XF / Lente: Loftus)

Aunque la vida va de un asunto sobre el tiempo, no nos entendemos. Mientras él hace tictac yo no emito sonido alguno. Y no es culpa mía, él jamás ha puesto de su parte.

Esta relación fallida viene de muy atrás, de cuando era pequeña, así que no es algo nuevo y ya tendría que estar acostumbrada a los gritos y a los portazos. Sin embargo, cada día que pasa me fastidia más, le odio más, le soporto menos. Y es que ya quedan menos hojas en el árbol.

Además, ¡tengo muchas ganas de saber todo sobre el origen extraterrestre de los pelirrojos! ¿No me va a dejar ni siquiera darme ese gusto? Conocí a Tom Robbins tras leer a Cole Schafer (gracias, Cole) y de verdad que estoy deseando empezar a leer su libro Naturaleza muerta con pájaro carpintero porque, además de lo de los pelirrojos, también promete contar cómo usar dinamita con fines filosóficos. 

Sin embargo Robbins está en la sala de espera, junto a mi guitarra, porque antes hay otros quehaceres que tengo que abordar. 

Vamos a ver:

  • Tengo mi trabajo como copywriter,
  • mis clases de inglés,
  • mis otros cursos,
  • mi rato para el deporte,
  • los tres libros que estoy leyendo a ratos,
  • mi familia,
  • jugar a Fortnite,
  • pensar en la muerte,
  • ir al médico para decirle que es posible que me esté muriendo,
  • discurrir un nombre para mi empresa,
  • decidir cómo quiero mi web de empresa,
  • currarme las redes sociales,
  • y otras cosas.

Pero, espera un momento. Tengo una idea. ¿Qué te parece si leo la primera línea del prólogo ahora que el tiempo no mira? ¡Vamos allá! Veamos… página 11:

“Si esta máquina de escribir no lo consigue, entonces a tomar por culo: es que no puede hacerse”.

Vaya, ha sido como comerme la guinda del pastel y dejar el bizcocho; o como llevarme a la boca una semilla de sésamo y tirar el resto de la hamburguesa; o como dar un beso a mi chico y dejar todo lo que sigue para más tarde. No me importa lo que diga el tiempo ni lo mucho que me grite, ahora tengo que seguir leyendo y llegar al último renglón, a la orilla de enfrente. 

Tengo buenas sensaciones con este libro. Son las mismas que cuando me pongo a escribir copywriting para un cliente, por eso las he reconocido al instante: presentimiento de diversión, presagio de un atardecer con una copa de vino en la sonrisa, corazonada de un entendimiento más allá del horizonte, percepción de detalles preciosos, escalofríos en el cuello.

Sé que me espera otra bronca con el tiempo; pero eso será luego, no ahora.